La historia de doña Delfrida refleja el esfuerzo de generaciones que preservaron las técnicas tradicionales de hilado y tejido a mano en las comunidades rurales de Santa Cruz. Desde la esquila de la oveja hasta el lavado, escarmenado, teñido y posterior hilado de la fibra en huso, cada pieza era elaborada con paciencia y dedicación.
A través de sus telares caseros, esta pobladora dio forma a prendas utilizadas en la vida cotidiana y las labores del campo, como alforjas y ponchos. Su trabajo representa un legado artesanal y un patrimonio cultural que busca ser revalorizado y transmitido a las nuevas generaciones de la Chiquitania y los Valles Cruceños.
Fuente: Sala de redacción En Conexión



