Mundo, 23 abr 2026 (En Conexión).- Los científicos sometieron a las esporas de estos hongos a las condiciones marcianas y llegaron a la conclusión de que podrían vivir y reproducirse allí.
La NASA, el resto de agencias aeroespaciales del mundo y la ciencia en general se enfrentan a un problema bien conocido a la hora de buscar vida en Marte. Y es que, si una nave espacial lleva humanos al planeta rojo, estos podrían contaminar su superficie con microorganismos procedentes de la Tierra, haciendo que el esfuerzo sea en vano e, incluso, acabando con cualquier rastro biológico autóctono. En este sentido, lo lógico es pensar que ninguna especie terrestre puede sobrevivir más allá de nuestra atmósfera, pero los hechos indican lo contrario.
Los tardígrados no son los únicos seres capaces de sobrevivir a la radiación cósmica y al vacío espacial. Por ejemplo, la NASA detectó microorganismos capaces de sobrevivir a sus procesos de limpieza en el robot Phoenix, enviado a Marte en 2007. Asimismo, China encontró una superbacteria en la estación espacial Tiangong que fue capaz de lo mismo y demostró una resistencia extraordinaria. Pues bien, ahora sabemos que un hongo se suma a la lista de candidatos a posibles colonizadores de Marte. Su nombre es Aspergillus calidoustus.
Según detallan científicos de la NASA en un artículo publicado en Applied and Environmental Microbiology, el citado hongo ha demostrado una capacidad de supervivencia extrema, logrando sobrevivir en las salas blancas del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés). Al parecer, los investigadores aislaron 27 cepas diferentes de hongos en las instalaciones donde se ensamblaron misiones como Mars 2020. Sin embargo, solo las esporas de Aspergillus calidoustus lograron mantenerse activas y viables para la reproducción tras los procesos de limpieza.
Resistencia en entornos extremos
“Esto no significa que la contaminación de Marte sea probable, pero nos ayuda a cuantificar mejor los riesgos potenciales de supervivencia microbiana”, afirmó al respecto Kasthury Venjateswaran, autor principal de la investigación, señalando que la presencia de estos microorganismos obliga a replantearse la seguridad en los viajes interplanetarios.
Para verificar la tenacidad del hongo, el equipo científico sometió a las muestras a una batería de pruebas que simulaban el espacio profundo. Estas incluyeron una radiación ultravioleta mucho más intensa que la terrestre y presiones atmosféricas mínimas similares a las del planeta rojo. Sorprendentemente, Aspergillus calidoustus soportó meses de exposición a la radiación ionizante y al gélido entorno marciano sin perecer en el intento.
Los análisis revelaron que solo la combinación simultánea de una radiación muy alta y temperaturas de -60 grados centígrados pudo eliminar al patógeno. La mayoría de los esfuerzos de protección planetaria se han centrado históricamente en las bacterias, ignorando en gran medida el papel de los hongos. Este descubrimiento evidencia un vacío crítico en las estrategias actuales de la NASA para evitar la contaminación cruzada en el sistema solar.
Venjateswaran destacó que la vida microscópica no responde a un único factor de estrés, sino a una compleja suma de tolerancias ambientales. «Los microorganismos pueden poseer una extraordinaria resistencia a las tensiones ambientales.», explicó el microbiólogo tras observar los resultados obtenidos en el laboratorio. Esta capacidad adaptativa sitúa a este hongo como un candidato firme para colonizar sistemas robóticos que operan en la superficie de Marte.
Posible impacto en la salud de los astronautas
La preocupación científica no se limita únicamente a la integridad de otros mundos, sino que afecta directamente a la seguridad humana. El género Aspergillus está estrechamente vinculado a patologías respiratorias graves en humanos, como la aspergilosis. En misiones de larga duración, como las previstas en el programa Artemis, la presencia de estas esporas en entornos cerrados supondría un riesgo sanitario inasumible.
Actualmente, el Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece normas estrictas para evitar que la Tierra contamine biológicamente otros cuerpos celestes. Sin embargo, los expertos afirman que las métricas previstas en el documento deben revisarse de forma urgente para prestar mayor atención a los hongos dentro de los controles de calidad.
Fuente: The National Geographic España



