InicioATB MEDIACienciaDesmontando el EMDR: el reprocesamiento por movimientos oculares no tiene validez neurocientífica

Desmontando el EMDR: el reprocesamiento por movimientos oculares no tiene validez neurocientífica

Mundo, 14 may 2026 (En Conexión).- Esta «técnica» promete aliviar traumas mediante movimientos oculares. Pero su fama radica en una narrativa persuasiva, ya que no tiene evidencia sólida ni base neurobiológica.

En 1987, Francine Shapiro (1948-2019) observó casualmente que ciertos movimientos oculares parecían reducir su malestar emocional. Dos años después, esta casualidad la convirtió en causalidad, dando origen al germen del EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing, desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares). La «técnica» prometía desensibilizar con éxito la sintomatología asociada a recuerdos traumáticos en una sola sesión. 

Posteriormente, otros estudios metodológicamente insuficientes han ido alimentando aquella narrativa persuasiva para presentar el EMDR como un avance revolucionario en el campo del trauma, obteniendo incluso el aval de organismos internacionales. En esencia, promete lo mismo que las pseudoterapias: resultados fáciles, eficaces y rápidos a problemas complejos. Pero todos estos disfraces no han logrado ocultar la evidencia: su mecanismo estrella es solo una «ilusión óptica» bien construida.

Fundamento diferencial del EMDR

«Cualquier evaluación de la eficacia de una terapia debe tener en cuenta todos sus elementos procesales». Así lo reconoce el propio manual de referencia del EMDR (2018), escrito por Shapiro, en el capítulo 12. Sin embargo, resulta irónico que este principio, formulado con tanta claridad, no se haya aplicado con la misma contundencia cuando la mirada se dirige hacia la propia «técnica». Sobre todo, siendo su principal rasgo distintivo, precisamente, los movimientos oculares.

El manual de Saphiro muestra estas imágenes para ilustrar el supuesto reprocesamiento de traumas por movimientos oculares. El objetivo en todos los casos es generar movimiento ocular de un lado al otro del campo de visión lo más rápido posible sin molestias mientras traen a la mente la imagen traumática y la cognición negativa, junto con la emoción asociada y el malestar físico que esto provoca en el presente. A la izquierda, movimientos horizontales a una mano. En el centro, movimientos diagonales a una mano. A la derecha, la versión a dos manos.

Una explicación propuesta por Shapiro para sustentar este «espectáculo pseudohipnótico» apunta que los movimientos oculares mejoran la interacción interhemisférica, facilitando así la recuperación de recuerdos episódicos. Sin embargo, parte de supuestos neurobiológicamente infundados: mover los ojos no integra información interhemisférica ni la vía visual tiene conexión directa con las regiones emocionales. Además, la evidencia empírica la cuestiona: estudios con EEG no han encontrado cambios en la coherencia interhemisférica ni relación con mejoras en la memoria tras realizar movimientos oculares

Cada ojo envía información a ambos hemisferios de forma individual, por lo que realizar movimientos para una «interacción interhemisférica» carece de fundamento neurobiológico. Además, la vía visual tampoco tiene conexión directa con las estructuras límbicas responsables de la respuesta emocional y los recuerdos episódicos (principalmente, la amígdala para la respuesta emocional y el hipocampo para la memoria episódica), por lo que los movimientos oculares por sí solos no pueden “reprocesar” emociones traumáticas ni desbloquear recuerdos reprimidos.

Otra propuesta sugiere que los movimientos oculares reproducen procesos similares a los del sueño REM, facilitando el reprocesamiento emocional de los recuerdos traumáticos (mediando el sistema nervioso parasimpático). Sin embargo, esta analogía se sostiene más en una coincidencia superficial que en un paralelismo neurobiológico real. El mismo manual reconoce que no existe evidencia directa de que el EMDR induzca procesos equivalentes en vigilia. Es más, investigaciones sobre el sueño muestran que los movimientos oculares en fase REM no están vinculados al contenido visual ni emocional de los sueños, lo que debilita aún más esta comparación.

La hipótesis más sostenida apunta que los movimientos oculares sobrecargan la memoria de trabajo para reducir la viveza emocional del recuerdo traumático y facilitar su “reprocesamiento”. Sin embargo, nuevamente, hay evidencia que la refuta, ya que no se ha observado relación entre la carga cognitiva inducida y la disminución de la emocionalidad. Asimismo, se ha rechazado una predicción clave de esta hipótesis,que era tener que ajustar la velocidad de los movimientos oculares a la capacidad de memoria de trabajo de cada persona. La conclusión parece clara: las predicciones no han sobrevivido a la certeza.

«La libertad es lo que haces con lo que te han hecho»
JEAN-PAUL SARTRE

Esta lista de hipótesis para explicar el EMDR certifica la falta de un mecanismo neurobiológico claro. Ya en 2001, un metaanálisis señalaba que los movimientos oculares no aportan efectos significativos. Aun así, Shapiro atribuyó esos resultados a deficiencias metodológicas ajenas. Pero lo cierto es que la calidad de los estudios que avalan los movimientos oculares dista de ser óptima, tal y como volvió a revelar otro metaanálisis en 2013. Y un detalle que contribuye al sesgo: parte de esos estudios aparecen en revistas centradas en EMDR (también existen revistas “científicas” dedicadas a la homeopatía). 

formas alternativas de estimulación bilateral

Con el tiempo, Shapiro incorporó otras formas de estimulación: golpecitos bilaterales con las manos (tapping) o tonos auditivos. La idea era que podrían generar una sobrecarga de la memoria de trabajo similar a la atribuida a los movimientos oculares (permitiendo aplicar la técnica en personas ciegas), aunque también advirtió que no son tan efectivos como éstos. Pero el problema se hizo mayor: al añadirlas, todas las hipótesis que justificaban el efecto del EMDR por los movimientos oculares dejaron de tener sentido.

La introducción de nuevas formas de estimulación bilateral parece revelar un intento de desviar el protagonismo otorgado a los movimientos oculares ante la evidencia de su inutilidad

Para más confusión, Shapiro señaló que habría preferido el nombre de “terapia de reprocesamiento” en vez de EMDR, pero mantuvo el término por su reconocimiento histórico. Para justificarse, comparó el caso con la marca Coca-Cola o la esquizofrenia, unas etiquetas que ya no incluyen los rasgos que les dieron nombre (cocaína y “mente dividida”, respectivamente). Sin embargo, hasta la comparación falla. En el EMDR sí persiste el elemento fundacional y, además, sigue ocupando un lugar central.

Evidencia comparativa

Tras hipótesis cambiantes, modificaciones prácticas, contrasentidos y lagunas, el EMDR sigue sosteniéndose sobre una verdad incómoda y difícil de ignorar: sus componentes diferenciales no son más que una representación teatral innecesaria. Cuando una propuesta necesita reformular continuamente cómo funciona, el problema no está en la complejidad del cerebro, sino en la carencia de explicaciones empíricamente válidas.

Si una teoría necesita demasiadas explicaciones auxiliares, suele estar intentando sobrevivir

Al ampliar el foco de análisis, se ha observado que gran parte de la aparente eficacia del EMDR procede de comparaciones frente a placebo o ausencia de tratamiento. Pero si se enfrenta a técnicas bien consolidadas, los resultados cambian. Una revisión de 2016 sitúa la evidencia del EMDR por debajo de terapias como la exposición prolongada, la terapia cognitiva o la terapia cognitivo-conductual (entre otras), apoyando así las conclusiones críticas de otra revisión en 1999. Es decir, el único componente realmente eficaz es la exposición controlada al recuerdo traumático.

Hablar del trauma sigue siendo más importante que mirar hacia un lado y al otro

En suma, el verdadero éxito de Shapiro no fue descubrir un nuevo mecanismo terapéutico, sino envolver principios ya conocidos de exposición psicológica en una narrativa más atractiva y visual. Hasta ahora, el problema era que el «marketing terapéutico» avanza más rápido que la demostración científica. Pero, tras décadas de investigación, defender en la actualidad el EMDR supone no mirar de frente a la evidencia. 

Fuente: The National Geographic España

NOTICIAS RELACIONADAS
- Advertisment -
Google search engine