Desde las plantas de almacenamiento hasta las estaciones de servicio, el combustible subvencionado es desviado mediante distintos métodos. Cisternas que entregan menos producto, precintos manipulados, GPS apagados y vehículos que cargan varias veces forman parte de una cadena que finalmente lleva el carburante hacia la minería ilegal y la reventa, mientras el país enfrenta filas y desabastecimiento.



